Bernabé Deng

Se cumplen 50 años del asesinato de Bernabé Deng, un misionero comboniano sudanés de solo 29 años. Su muerte es un recuerdo permanente de fidelidad al Evangelio en lugares donde el odio y la violencia parecen tener la última palabra.
Su testimonio sigue siendo hoy una voz viva que invita a los jóvenes a abandonar sus seguridades y dedicar su vida a los más pobres y desfavorecidos.

Deng nació en 1935 en una pequeña aldea de Sudán del Sur llamada Kuajok, que está a unos 80 km al norte de la ciudad de Wau. Pertenecía al pueblo dinka, el grupo más numeroso de los muchos que forman el país y se dedican fundamentalmente a la ganadería de vacas, aunque también a las cabras. Así que de niño aprendería a cuidar de estos animales tan importantes para la economía de su familia. También cultivaría en el pequeño huerto donde cosechaba sorgo y cacahuete, ingredientes esenciales de la dieta de este pueblo. Y junto con sus amigos jugaría por las inmensas praderas de la sabana.

Los Misioneros Combonianos habían regresado a Sudán después de la destrucción de todas sus misiones en el norte a finales del siglo XIX. Kuajok fue uno de los primeros centros que se establecieron y contaba con iglesia, escuela y dispensario. Así que Bernabé fue uno de los pocos niños privilegiados que pudo comenzar su educación primaria. Se preguntaba quiénes eran aquellos europeos que habían venido de lejos y se esforzaban por aprender su lengua y cultura. Además, les hablaban de un hombre muy bueno, llamado Jesús, que vivió hace muchísimo tiempo en un lugar remoto; y que se enfrentó a los poderosos que marginaban a los pobres y que, finalmente, fue asesinado.

Atraído por la forma de ser de los misioneros, se preguntó si también él podría ser uno de ellos. De esta forma entró en el seminario menor donde realizó sus estudios de secundaria y, al terminar, tuvo muy claro que quería ser misionero. Partió para Italia donde los combonianos tenían una casa de formación, allí realizó su preparación en Teología para ser sacerdote. Fue el tercer sudanés que abrazaba este proyecto de Comboni que poco a poco se hacía realidad: “Salvar África con África”. El 7 de abril de 1962 fue ordenado en Milán por el cardenal Montini, que unos años más tarde, en 1963, sería elegido Papa con el nombre de Pablo VI.


La violencia no tiene la última palabra


Regresó a Sudán lleno de ilusión para compartir con su gente el gozo de la fe. Trabajó en varias misiones en los alrededores de Wau. Le hubiera gustado ir a otras tierras diferentes a la suya, como hacen todos los misioneros, sin embargo, el tiempo que le tocó vivir era particularmente difícil. El Gobierno de Sudán quería islamizar y arabizar a la gente del sur. Para ello, tomaron medidas como imponer el viernes como día de fiesta en lugar del domingo. Y también cambiar la lengua de la escuela del inglés al árabe. Todo esto irritaba mucho a la gente que veía estas medidas como una imposición que no tenía en cuenta lo que ellos querían. Las autoridades eran muy hostiles a las iglesias católica y protestante y los acusaban de hostigar una revolución contra el norte. Como resultado de ello, en 1964 se ordenó la expulsión de todos los misioneros extranjeros de Sudán del Sur. Más de 300 misioneros combonianos (hermanas, padres y hermanos) fueron obligados a abandonar el país. Bernabé no perdió la esperanza, permaneció solo en su misión y se dedicó con todas sus fuerzas al anuncio del Evangelio.

La misión del joven misionero no iba a ser fácil, la Policía lo vigilaba de cerca porque pensaban que ayudaba a los rebeldes. Una mañana, vio cómo unos agentes de seguridad golpeaban a una mujer a la que habían acusado de pasar comida a los guerrilleros del sur. Él se interpuso y defendió a la mujer. A consecuencia de ese altercado tuvo que esconderse en la sabana, donde pasó 15 días. Cuando el obispo se enteró de lo que había sucedido se reunió con él en Wau. Le pidió que fuese a Jartum, donde estaría más seguro. Se despidieron esperando volverse a ver en la capital. Bernabe le dijo que visitaría brevemente a su familia y pronto viajaría al norte. Sin embargo, ya nada más se supo del joven misionero.

Una semana más tarde, su cuerpo fue encontrado a las afueras de Wau. Un comerciante árabe fue testigo de los sucedido. Bernabé fue capturado y llevado al patio de la prisión donde fue inmediatamente ejecutado. Era un 23 de agosto de 1965.