Comprometido con la justicia y la fraternidad

Os presentamos a Lwanga Kakule Silusawa –hermano comboniano de R. D. de Congo– que ha pasado los últimos tres años en Colombia. Con un manejo admirable del castellano y a punto de comenzar a estudiar Periodismo, comparte con nosotros su experiencia misionera, acompañando a niños y jóvenes afrocolombianos en un barrio periférico de Bogotá.

Hace mucho tiempo que buscaba un nombre para mi experiencia misionera. Finalmente, lo conseguí: la misión, participación en la construcción del Reino. Y es que es esto lo que he vivido. En mi camino misionero me he dado cuenta de lo bonito que es dar mi vida por los más pobres y abandonados y, sobre todo, me ha impactado la vivencia de la misión como un construir el Reino llevando la alegría de Dios a aquellas personas que viven excluidos, al margen de la sociedad.

Con los afrocolombianos

Lo habréis visto o escuchado, Colombia es un país con una gran diversidad cultural y étnica, que constituye al mismo tiempo una gran riqueza y un gran desafío. Una de ellas es el pueblo afrocolombiano, el que fue llevado de África para América y que, desde la época de la esclavitud, ha hecho de Colombia su tierra. Aunque ya es un pueblo «libre», sigue siendo esclavizado, pero de otra forma: es uno de los pueblos más discriminados en el país, por lo que sigue luchando contra los miles de prejuicios que se tienen sobre su raza, su historia, su cultura. Sigue luchando por su derecho a gozar de las mismas oportunidades que todo colombiano. La verdad es que este pueblo, que constituye el 11 por ciento de la población del país, tiene más difícil estudiar y trabajar; lo que genera pobreza, delincuencia, violencia, éxodo rural, desintegración familiar y drogadicción.

La mayoría de los afrocolombianos no tienen acceso a una vivienda y una alimentación saludables, ni tampoco tienen garantizada su salud o son aceptados plenamente en la sociedad.

Viendo esa realidad de pobreza y de discriminación, los Misioneros Combonianos nos comprometimos en su transformación y participamos en el proceso de lucha, poniéndonos al lado del pueblo afro para caminar con él. Trabajamos por el reconocimiento de sus derechos, de su raza y de su cultura, buscando que se respete su dignidad y la igualdad de oportunidades.


Me ha impactado la vivencia de la misión como un construir el Reino, llevando la alegría de Dios a aquellas personas que viven excluidos, al margen de la sociedad


Más particularmente, he acompañado a un grupo de niñas y adolescentes afrocolombianas en el cual, desde valores culturales como la danza, los cantos y los juegos profundizamos en el conocimiento de la cultura afrocolombiana. Intentamos que la asuman en cuanto a sus valores y dones fortaleciendo el tejido comunitario entre ellas, sus familias respectivas y con otros grupos étnicos. Les ayudamos a que se conozcan a sí mismas para que, desde allí, reconozcan sus capacidades y tomen conciencia de su papel en la mejora de su condición de vida. Para eso organizamos talleres de danza, de psicología, de etnoeducación afrocolombiana, salidas al campo y muchas otras iniciativas.

Mi alegría es que hoy día los afrocolombianos están recuperando su identidad y están asumiendo su responsabilidad con protagonismo a través del diálogo con las autoridades del país. De esta forma se logra que se reconozcan sus derechos y también que descubran que ellos pueden contribuir a la construcción de una Colombia libre de desigualdad, violencia, droga o indiferencia frente al otro. Se están alcanzando algunos de estos objetivos, pero todavía queda mucho por hacer.

Para mí, acompañar al pueblo afrocolombiano ha significado ponerme al servicio del Evangelio, que me pide trabajar en la construcción del Reino de Dios atendiendo al más necesitado. Sigo creyendo que allí donde hay búsqueda de justicia, de igualdad, de fraternidad, se construye el Reino de Dios. Pues, si Jesús pasó toda su vida luchando por la integración y la dignidad de los excluidos, yo también quiero ser un misionero comprometido con el Reino de justicia y de fraternidad. En ese lindo país donde fui enviado a compartir mi fe y mi alegría, no solamente he dado, también he recibido mucho de muchas personas comprometidas que me han dado lo mejor de ellas mismas para que reine la justicia, la igualdad y la fraternidad.