Monitores Misioneros

Los monitores de los grupos misioneros de Aguiluchos son piezas fundamentales en la preparación y éxito de las Convivencias Aguiluchos. Regalan su tiempo, con entusiasmo, dedicación y cariño para hacer de estos encuentros algo especial. Son jóvenes que comparten su tiempo, ingenio, creatividad e ilusión para acercar a los participantes la realidad de la misión.

Hace más de 30 años, un grupo de combonianos pensó que una buena forma de acercar la misión a los niños de España sería crear grupos donde presentar cómo viven muchas personas lejos de nosotros. Jesús también se preocupa de ellos y les envía personas que compartan con alegría la vida que brota del Evangelio. Así nacieron las Convivencias Aguiluchos. Ahora existen tres grupos en Granada, Barcelona y Madrid.

Lo más significativo es que alrededor de su casa había media docena de cabañas donde vivían todos aquellos que no tenían donde ir. Era el punto de referencia de los que habían perdido a su familia, ya fueran niños, enfermos, ciegos o discapacitados. Ver aquella familia, tan variada, era como leer una de esas páginas del Evangelio donde se nos habla de todos aquellos excluidos que esperaban ser curados por Jesús.

En estos encuentros descubrimos formas de vivir diferentes de otros pueblos que nos enseñan muchos valores. Pero también, sus necesidades y problemas nos ayudan a pensar en nuestra forma de vida.

Para que estos grupos de Aguiluchos, puedan funcionar hacen falta monitores. Son jóvenes que ofrecen su tiempo y su talento con generosidad para poder hacer un montón de actividades. Pero, sobre todo, son personas que quieren caminar junto a Jesús en la nueva vida que nos propone. De este encuentro nace la a alegría de abrir el corazón a los demás para compartir lo mejor que llevamos dentro. Así, cada convivencia que hacemos es misionera porque nos abrimos a los demás y acogemos con generosidad a todos los niños nuevos que quieren unirse a nuestra aventura de Aguiluchos.






La fe crece cuando se comparte. La preparación de las Convivencias es también un lugar de formación de monitores.


Nuestra sociedad nos hace creer que lo que importa es tener éxito en la vida, y para lograrlo hay que invertir bien nuestro tiempo. Esto nos permitirá alcanzar más bienes materiales, posición social y reconocimiento. Hay gente que se pregunta si tal vez nuestro tiempo no es solo para nosotros, sino para regalarlos a los demás. Así, los monitores comparten lo que son con los niños y les ofrecen un lugar de convivencia que les ayude a salir de ellos mismos. Ellos han descubierto que más allá del éxito personal, está la alegría de hacer felices a los demás.

Los que vivían allí sabían que aquel lugar era su casa y todos eran una familia. Habían pasado de estar solos, sin importar a nadie, a descubrir que ellos, a pesar de su debilidad, podían ser amados y aceptados como eran; y también que podían contribuir y ayudar a los demás.

Una convivencia de unas pocas horas lleva muchas más de preparación. Los monitores se reúnen varias veces antes de ese día para que todo salga bien. No siempre es fácil encontrarse, ya que cada uno tiene sus compromisos con estudios, trabajo u otras actividades. Sin embargo, cuando hay buena voluntad se encuentra el lugar y momento apropiado. Hay que tener a punto los disfraces, los materiales y el papel que cada uno va a desempeñar. Cada vez se presenta un tema y, alrededor de él, hay que hacer una oración, una reflexión, un taller y juegos para ayudar a los niños a llevar a sus vidas lo que estamos tratando.

Los valores que proponemos en las convivencias surgen de un tema anual que se prepara en un encuentro al comienzo del año académico. Aquí se intentan trazar las líneas generales que nos permitirán organizarnos a lo largo del curso. El tema que tratamos tiene que permitirnos combinar las realidades más cercanas a nosotros con las situaciones que viven personas de lejos. A través de los testimonios de los misioneros podemos descubrir la riqueza de abrir nuestro corazón al mundo, para aprender de otros y también para ser más críticos con nuestra forma de vivir. Esto nos ayuda a ser más respetuosos con el medio ambiente, a descubrir el valor de la reconciliación para poder caminar hacia la paz, a respetar a los otros en sus diferencias. Pero sobre todo, descubrimos que todos estos valores forman parte del proyecto que nos ha mostrado Jesús.

Aguiluchos no se puede quedar solo en las convivencias. Cada año colaboramos con un proyecto para compartir lo que podemos con personas que pasan dificultades. Intentamos reunir algo de dinero para enviarles y también entramos en relación con ellos para conocerles mejor y aprender también de sus alegrías y esperanzas. A veces tenemos que superar la barrera lingüística, ya que hay que traducir sus cartas, pero esto, lejos de ser un obstáculo, es un aliciente para esforzarnos en entender a los demás. En el regalo de una sonrisa en una foto vemos que a pesar de miles de kilómetros de distancia nuestros sueños e ilusiones no son tan diferentes.

La fe crece cuando se comparte. La preparación de las convivencias es también un lugar de formación para los monitores. Ellos tienen que hacer una lectura atenta de la Palabra que nos da Jesús para poder transmitir ilusión a los niños y sembrar en sus corazones la semilla de la misión. Muchas gracias a todos los monitores que dan lo que son sin esperar nada a cambio.