Ser siempre agradecidos

Esta es la historia de Bongani Mahlangu, un joven de 19 años que mide casi dos metros de altura. Fue monaguillo de la parroquia de San Daniel Comboni, en Mahube Valley, un barrio periférico de la ciudad de Pretoria, capital de Sudáfrica. Bongani en lengua zulú significa “estar agradecidos” y es que de verdad Bongani destila agradecimiento...

Esta es la historia de Bongani Mahlangu, un joven de 19 años que mide casi dos metros de altura. Fue monaguillo de la parroquia de San Daniel Comboni, en Mahube Valley, un barrio periférico de la ciudad de Pretoria, capital de Sudáfrica. Bongani en lengua zulú significa “estar agradecidos” y es que de verdad Bongani destila agradecimiento con su alegría contenida pero segura, incluso me atrevería a decir que tiene una madurez superior a la edad que tiene.

Hace unos ocho años, estando todavía en Sudáfrica, un día después de la Eucaristía del domingo se me acercó una señora de mediana edad y me dijo: “Padre, quiero ser católica”, yo le respondí con una pregunta que siempre hacía a los que expresaban este deseo: “¿Y, por qué quieres ser católica?”. Me dijo que su marido era católico, que sus cuatro hijos estaban bautizados en la Iglesia católica y que ella se quería unir a todos ellos. Linah Mahlangu es la madre de nuestro amigo Bongani. Hizo dos años de catecumenado y cada domingo por la mañana acudía a la parroquia para atender los encuentros de preparación del catecumenado de adultos.

Después del bautizo, entró a formar parte de una de las asociaciones de mujeres, que se dedican a hacer obras de caridad y visitar a los enfermos. El padre de Bongani, el señor Jacob Mahlangu, también fue poco a poco comprometiéndose más con la vida y actividades de la parroquia, formando parte del consejo parroquial y siendo siempre una persona honrada, de buen juicio y muy preocupado por la educación de sus cuatro hijos.

Otro momento de alegría fue cuando los padres de Bongani me pidieron casarse en la Iglesia católica. Fue una boda muy sencilla y sin ninguna ostentación. Los cuatro hijos y algunos familiares cercanos estaban presentes, y como no podía ser de otra manera, el monaguillo de dicha elebración fue Bongani, el hijo de ambos. Nuestro amigo el monaguillo de casi dos metros, llegaba el primero cada domingo y me ayudaba a reparar las cosas del altar: el pan, el vino, la jarrita del agua, las velas del altar, el incienso para los días de fiesta. Siempre me llamó la atención su cuidado en prepararlo todo y su gran responsabilidad para que todo funcionase bien. Por eso cuando el número de monaguillos fue creciendo e intentaron organizarse mejor como grupo, no dudaron entre ellos elegir a Bongani como responsable del grupo de monaguillos de la parroquia.


"Bongani ha ingresado en el Seminario de Ciudad del Cabo, quiere ser sacerdote".


La diócesis de Pretoria también se fue organizando mejor, coordinando todos los monaguillos de la diócesis y allí estaba Bongani, representando a los monaguillos de la zona Este de la diócesis de Pretoria.

Bongani era muy activo en la parroquia, no solo como monaguillo sino en otras actividades. Le gustaba jugar al fútbol con los muchachos del barrio, aunque por su altura estoy seguro que se le hubiera dado mejor el baloncesto.

En cierta ocasión cuando Gosiame, que era una de las “monaguillas” de la parroquia falleció con 10 años de edad, me llamó la atención el aplomo y la madurez de Bongani dirigiendo unas palabras de agradecimiento y de pésame a la familia durante el funeral en nombre de los demás monaguillos, que hicieron saltar alguna que otra lágrima.

Recientemente y después de tres años de ausencia de la parroquia de Mahube Valley, me comuniqué con un compañero comboniano y le pregunté por Bongani. Cual fue mi alegría y sorpresa, cuando me dijo: “Bongani, ha ingresado en el Seminario de Ciudad del Cabo, quiere ser sacerdote”. De pronto me pasó por mi mente como una rápida película de su vida: su nombre propio: “estar agradecido”, su madre bautizada, su padre comprometido en la parroquia, su disponibilidad, el buen ejemplo de sus padres, sus buenos resultados en los estudios...

Me han contado que la comunidad cristiana de la parroquia de San Daniel Comboni le organizó una fiesta de despedida e incluso recogieron algún dinero para ayudarle a pagar los gastos del viaje y de la estancia en el Seminario de Ciudad del Cabo.

La noticia me produjo mucha alegría y le di gracias a Dios para ser “bongani”, es decir agradecido.

El trabajo de los misioneros poco a poco va dando sus frutos. Si Dios quiere y todo marcha bien, algún día Bongani Mahlangu será sacerdote y podrá animar otras comunidades cristianas.