Gracias Aguiluchos

“Esta es la frase que más escuché en Cuzco, una ciudad mágica de Perú”, escribe Nacho, un monitor de las Convivencias Aguiluchos de Granada que nos comparte su experiencia en Perú en el hogar de las Estrellas, donde estuvo este verano.

Tuve la gran suerte de viajar hasta allí para hacer entrega de los 3.600 euros que conseguimos gracias al proyecto del curso pasado llenando huchas, cantando villancicos, haciendo rifas, galas de magia o mercadillos solidarios
Así, poco a poco, fuimos llenando el Termómetro de las Estrellas, tanto en Granada como en Madrid.
¿Por qué lo llamamos así? Porque iba destinado al Hogar de las Estrellas, también conocido como Chaska Wasy en quechua.

Desde el hogar

Chaska Wasy es un hogar de acogida de niños discapacitados en Cuzco. En esa casa con 24 niños tuve el lujo de compartir mi tiempo jugando, haciendo tareas, bailando sin parar o ayudando a las “mamis”, que son las trabajadoras que se desviven por cuidarlos. Con ellas, especialmente con mi superheroína Yudy, vimos en qué cosas necesitábamos invertir el dinero que recogimos con los Aguiluchos. Compramos materiales para hacer bisutería que luego venden para sacar dinero, invertimos en cursos de peluquería y cocina para algunas de las niñas del hogar, juguetes y materiales educativos, buscamos ingredientes y utensilios para los cursos, hicimos revisiones médicas a los que más falta les hacía y mil cosas más. Pero lo más bonito fue destinar una parte a salidas con los niños para integrarlos en la sociedad y salir de casa. Creedme si os digo que nunca fui más feliz que la noche que cenamos pollo a la brasa con todos los niños en un restaurante. Menudas caras de felicidad tenían algunos, ya que hacía más de dos años que no comían fuera. Y todo esto unido al orgullo de ver que se cumplían poco a poco nuestras expectativas del Termómetro de las Estrellas.
Otro día celebré un espectáculo de magia con ellos, donde les dimos las camisetas de Aguiluchos que me regalaron los Combonianos. Estuvieron varios días que no se las querían quitar. En este espectáculo se nos fue uniendo gente de la calle, así que también sirvió para dar a conocer el Chaska Wasy.
Desde entonces solo había palabras de agradecimiento por todo lo que conseguimos en España gracias a la ayuda de niños, padres y monitores AHADI de Aguiluchos, que son los que lideraron con fuerza este proyecto. Y nos regalaron unas piezas de artesanías que hicieron para repartirlas entre sus amigos españoles, de los cuales aún tienen colgadas en la pared las cartas y dibujos que les mandaron.


Voluntarios de todos partes del mundo, tan distintos pero con el mismo objetivo: Aportar lo que podamos con el mayor cariño posible.


Alegría y sonrisas

Como imaginaréis, esta experiencia fue muy especial. Conocí el Hogar de las Estrellas el año anterior cuando viajé a Perú con mi hermano Jose por primera vez gracias a la Asociación de Voluntarios de La Caixa de Granada, y allí nos enamoramos de estos niños, con los que estuvimos dos meses enteritos. Pero también tuvimos la suerte de conocer otras organizaciones como Sonco Wasi en Taray, dirigido por mi querida amiga Karol, o el Colegio Parroquial San Gabriel Arcángel en Lima, donde fuimos regalando magia y un poquito de música española.
¿Os imagináis un cole en la otra punta del mundo con todos los niños bailando la Macarena o el Porompompero? Pues sí, fue espectacular ver sus caritas de ilusión aprendiendo a dar palmas flamencas.
Gracias a este colegio conocí a la que hoy es mi familia limeña. Mi mami Paula, que nos acogió a mi hermano y a mí sin conocernos de nada, junto a mis tres hermanitas, la graciosísima abuelita y el resto de la familia. Estas son las personas que Dios me puso en medio para cuidarme, mediante el padre Amadeo, antiguo promotor del cole. ¿Y sabéis quién me lo presentó? ¡El Padre Joselín! Muchos lo conoceréis de las convivencias y campamentos de Aguiluchos. Él fue quien más me ayudó al principio del viaje y me hizo sentir seguro.
Y es que los misioneros combonianos han tenido mucha implicación en esta experiencia, ya que también conocí al P. Serafín de Brasil en Arequipa, sin olvidarnos del gran apoyo que recibí para realizar todos los preparativos del viaje tanto en Granada como Madrid.
Y por parte de los misioneros combonianos de Barcelona: fue divertido colaborar varias veces en la Casa de los Talentos de Lima, apoyada por el grupo Esplai Aguiluchos, con un poco más de magia y guitarra flamenca.

Lo más bonito: compartir

Como veis, seguí el consejo que alguien me dio de “aprovecha bien tu viaje”.
Pero lo más bonito fue compartir estas experiencias con mi hermano, que estuvo cuidándome el primer viaje, mi nueva familia limeña, los amigos para siempre que allí hice, o los voluntarios de todas partes del mundo, todos tan distintos pero con un mismo fin: aportar lo que podamos con el mayor cariño posible. Y como dijo Casaldáliga, así fue como al final del camino conseguimos abrir nuestro corazón lleno de nombres.
Por este motivo, al igual que los niños del Chaska Wasy, no puedo decir otra cosa que “¡graciasAguiluchos!” por este regalo y a todos los que formasteis parte de él.

¡Nunca dejéis de ser felices!