Hassan Ouzannou. Una historia de superación

Hassan es un muchacho de 23 años, natural de Tinghir (Marruecos). Es el tercero de una familia de cinco hermanos y dos hermanas. Sus padres viven en este pequeño pueblo y se dedican a trabajar en un huerto familiar y a la cría de burros. A pesar de su corta edad ha vivido ya una experiencia muy fuerte en su vida.

Hassan frecuentaba la escuela, pero veía que en aquel pueblo no tenía mucho futuro por delante. "Aprendía poco y en la escuela los maestros me pegaban mucho”, comenta con una cierta tristeza. Por eso cuando tenía 16 años y con la complicidad de su hermano mayor, decidió escapar del pueblo y emprender una aventura hacia España.

Con el poco dinero que le facilitó su hermano, pagó el billete de un autobús hasta Tánger, que está a 800 km de su pueblo y allí con otros cinco chicos planearon cómo subirse a un camión para cruzar el Estrecho y entrar en España. Después de varios días merodeando por el aparcamiento de camiones del puerto de Tánger, Hassan y otro chico lograron colarse en los bajos de un camión, dentro de la caja donde normalmente transportan los palets. En el momento del embarque, los camiones tienen que pasar por unos sensores y son revisados por los perros de la policía. Nada sucedió. Sin embargo, dentro del barco su otro compañero bajó de la caja del camión para estirar las piernas y ya no volvió. Parece ser que le descubrieron.

Llegada a Barcelona
Nuestro amigo Hassan permaneció tres días ahí metido. Cuando decidió bajar del camión estaba en Sabadell (Barcelona). Había recorrido más de 1.000 km escondido en los bajos de un camión. Fueron tres días sin comer, solo bebiendo agua de un depósito lateral del camión. “Estaba lleno de polvo, me había quedado sordo de un oído y tenía mucha hambre”. Afortunadamente le encontró un chico marroquí que le acompañó a su casa, se lavó, comió y logró llamar por teléfono a su hermano, para decirle que estaba en la Península.


Hassan y otro chico lograron colarse en los bajos de un camión, dentro de la caja donde normalmente transportan los palets.


Su intención era viajar a Bilbao, pero en la estación de Sants, en Barcelona, se confundió de andén y fue a parar a Tarragona, donde nuevamente intentó tomar otro tren dirección Bilbao, pero en Lleida fue descubierto por el revisor del tren, sin billete y fue detenido por la policía, que le llevó a comisaría. “Allí me trataron muy bien, me pude lavar, me dieron comida y estuve con ellos hasta que me llevaron a un centro de internamiento de menores en Lleida”. Más tarde le trasladaron a Barcelona, lugar donde pasó por dos centros antes de recalar en el de San Salvador de Guardiola, donde aprovechó para hacer un curso de repostería.

Hassan llegó finalmente a un piso tutelado, Llar Champagnat, que tienen los Hermanos Maristas en el pueblo barcelonés de Rubí. Allí, bajo la tutoría del Hno. Miguel Cubeles, maduró como persona, logró arreglar todos sus papeles, hizo un curso de camarero y más tarde otro de soldador. Otro hermano marista, el Hno. Lluís Agustí nos cuenta que es un chico muy responsable, que sabe aprovechar las oportunidades que le ofrece la vida y que cree en Dios.

Hoy, Hassan tiene un contrato de trabajo en el colegio que los Hermanos Maristas tienen en Badalona como encargado de mantenimiento de todo el centro. Lleva tres años trabajando y se ha granjeado la confi anza de todos. Con sus ahorros viaja a Marruecos de cuando en cuando para poder ayudar conómicamente a sus padres. Está muy agradecido a su segunda familia, los Hermanos Maristas, que con su trabajo han logrado acompañar a Hassan hasta ser una persona madura, autosuficiente e integrada en la sociedad.

“¿Qué dirías a los jóvenes de España?”, le pregunto, y Hassan me responde con mucho aplomo: “Hay gente que vive a costa de los otros… ¡Que espabilen y que trabajen!”