Cauces de la vocación misionera

Pues bien, el cauce por donde discurre una vocación misionera la podemos definir en seis palabras:
escucha, cualidades, libertad, familia, Jesús y comunidad.

Seguro que todos habéis estudiado en Ciencias Naturales lo que es el cauce de un río, pero por si acaso os lo recuerdo: “Es como una concavidad del terreno, natural o artificial, por donde discurre un río, un canal o cualquier corriente de agua”.

Pues bien, el cauce por donde discurre una vocación misionera la podemos defi nir en seis palabras: escucha, cualidades, libertad, familia, Jesús y comunidad.

Escucha
La vocación hay que escucharla. Dios habla y llama, pero hay que escuchar y responder. De lo contrario el cauce se “atasca” y no puede correr nada. Dios sigue hablando como lo ha hecho siempre a lo largo de la historia, para buscar personas, especialmente jóvenes, que puedan responder a las necesidades que en cada etapa de la historia van surgiendo; para que el cauce de la vida fluya.

Tener cualidades
Para que un cauce lleve agua necesita un mínimo de cualidades y capacidades para que esta no se salga o se pierda. La salud física, mental y espiritual serán muy importantes para que sin necesidad de ser un supermán o una superwoman, puedas trabajar y vivir en un país lejano, en otras culturas, hablar otras lenguas y seguir siendo feliz.

Libertad
Tu respuesta a la propuesta vocacional tiene que ser libre, sin ningún condicionamiento: ni de tus padres, ni por el miedo al futuro, ni porque te escapas de la realidad de tu entorno. El agua siempre circula libre por el cauce. Una libertad que no significa hacer lo que me da la gana, sino aceptar la vocación que me propone Dios en libertad. Dios propone, nunca impone.


Una libertad que no significa hacer lo que me da la gana, sino aceptar la vocación que me propone Dios en libertad.
Dios propone, nunca impone.


Familia
La familia a la que perteneces es un buen cauce. Tus padres te conocen muy bien y siempre quieren lo mejor para ti, ¡sin lugar a dudas! Ellos saben lo que es tener vocación ya que han aceptado el compromiso de vivir juntos, siendo cauce de amor y de felicidad en tu casa. Detrás de cada vocación misionera hay una buena familia, un hogar acogedor y una escuela de trabajo y libertad.

Jesús
Jesús una vez dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.
¡Vaya!, que casi se defi ne como “yo soy el cauce” por donde corre todo lo bueno que sucede en tu vida.
Jesús nos enseña a encauzar la vocación con criterios cristianos: amor a los más pobres; práctica de la justicia; perdón a los enemigos; defensa de los más débiles; interés por la protección de la naturaleza y cuidado del medio ambiente y tantos valores más, que el mismo Jesús vivió mientras estuvo con nosotros aquí en la Tierra.

Comunidad
Pero si la decisión es mía, ¿qué pinta la comunidad? Pinta mucho, ya que no vivimos solos; nos gusta vivir acompañados, en grupo, con amigos. Es en una comunidad cristiana, en la parroquia, en la catequesis, donde crecen y maduran las vocaciones cristianas y misioneras. La comunidad es el cauce por donde corre el agua y de donde todos podemos beber. Además, toda vocación nace en una comunidad y se desarrolla en una comunidad.
¿Hay solo seis cauces para descubrir si tengo vocación misionera? Hay muchos más y seguro que tú puedes descubrir otros. ¿Acaso no podría ser otro cauce, la oración, la lectura de la Palabra de Dios o ayudar a los más necesitados? Lo importante es que el agua fluya, que no se estanque, porque el agua estancada no es buena para beber.