Nos vamos de excursión

La emoción es máxima. Todos se quieren subir a toda prisa al 4x4, que tendré que conducir. En un momento están todos colocados en la parte posterior del vehículo, en medio de sus bolsas y paquetes.

Es muy temprano, empieza a clarear el día y en la puerta de la misión ya están 10 niños esperando con sus bolsas e improvisados macutos para salir de excursión. Estamos en la misión de Glen Cowie, Sudáfrica y los monaguillos de la misión, como premio de final de curso, irán a visitar el Kruger National Park, que es uno de los parques naturales más grande del continente africano.

Sus padres me han dado el permiso por escrito para esta excursión de dos días. Será la primera vez que hacen un viaje tan largo: entre ida y vuelta y el recorridos dentro del parque haremos unos 700 kilómetros.

Viene también con nosotros la Hna. Margareth, que es una religiosa local que podrá atender a los monaguillos más pequeños.

De entre todos me llama la atención Silvestre. Tiene ocho años recién cumplidos y ha venido con una maleta grande. ¿Pero que llevas ahí dentro?, le pregunto. Y me responde: “Es que mi madre me ha metido una manta en la maleta por si hace frío, como vamos tan lejos...”. No le digo nada para no contrariar la voluntad de su madre... Pero no le hará falta, ya que en el Parque Kruger encontraremos temperaturas superiores a los 30 grados.

La emoción es máxima. Todos se quieren subir a toda prisa al 4x4, que tendré que conducir. En un momento están todos colocados en la parte posterior del vehículo, en medio de sus bolsas y paquetes. La Hna. Margareth nos invita a todos a rezar para que tengamos un buen viaje y lo hacemos con un bonito canto de alabanza a Dios, que todos los monaguillos cantan con una gran sonrisa en su boca. Es como una nueva aventura, ir a un lugar desconocido y poder ver fieras, ya que en la misión de Glen Cowie ya hace muchos años que desaparecieron los animales salvajes.


Le di gracias a Dios por ser misionero y haber podido compartir un fin de semana tan alegre con los monaguillos de Glen Cowie.


En el viaje de ida hacemos la primera noche en la misión de Acornhoek, muy cerca de una de las entradas del parque. Les cuesta a todos dormir en la habitación, grande y con literas. Hay muchas ganas de juerga y la Hna. Margareth tiene que intervenir para calmar los ánimos e intentar que duerman.

Al día siguiente y antes de la salida del sol, ya estamos en la entrada del Kruger. Pasamos la barrera y el griterío de los diez monaguillos es enorme, hasta que aparece delante de ellos una manada de elefantes: “¡Qué grandes!”, “¿Será buena la carne de elefante?”, exclaman los monaguillos de Glen Cowie. Más tarde jirafas, cebras, una manada enorme de búfalos, una pareja de leones escondidos detrás de unos matorrales. Se lo pasan en grande.

A mediodía paramos en una zona protegida a comer los bocadillos que nos dieron en la misión donde dormimos.Hay un clima de gran satisfacción y donde se oyen toda clase de comentarios referente a los animales.

A primera hora de la tarde tenemos que regresar a Glen Cowie. Están –y estamos– muy cansados. La Hna. Margareth me comenta que se lo ha pasado muy bien con ellos. “Yo también me lo he pasado bien”, le digo. Me llenó de gran alegría ver a estos pequeños disfrutar con la naturaleza, sacarles de la rutina de su pueblo, descubrir los nombres de los animales salvajes con los que nos íbamos cruzando.

De vuelta, mientras llegábamos de noche a la misión, rezamos y cantamos en el coche dando gracias a Dios por el fin de semana tan bonito que el Señor nos había concedido. Personalmente le di gracias a Dios por ser misionero y haber podido compartir un fin de semana tan alegre con los monaguillos de Glen Cowie. ¡Ah!, A Silvestre no le hizo falta la manta que le había preparado su madre. Al domingo siguiente, Thabo, uno de los monaguillos, explicó a la gente después de la Misa, todo lo que habían hecho, los animales que habían visto y los bocadillos que se habían comido. La Hna. Margareth sonreía con satisfacción desde los bancos de la iglesia y yo, desde el altar, le volvía a dar gracias a Dios por haberme dado un regalo tan bonito.