¿Hablamos? Carta a unos padres

¿Por qué yo no puedo ser como este misionero que vino a la catequesis? Se le veía feliz, un poco carquilla, pero tenía cara de bueno y en la misión nos contó que hacía cosas muy chulas.

Queridos papás:
Hace tiempo que tengo ganas de hablar con vosotros. Si os digo la verdad, no sé por dónde empezar ya que ni yo mismo tengo claro lo que os quiero decir. Por eso he decidido escribiros una carta con el deseo de que a corto plazo nos podamos sentar juntos y charlar de estas cosas.

El otro día vino un misionero a la parroquia y nos estuvo hablando en la catequesis. Nos dijo que llevaba más de 30 años en África, que era muy feliz, que tenía muchas ganas de volver y que le extrañaba mucho ver que aquí la gente anda con mucha prisa por la calle, no se hablan entre ellos y están siempre con el teléfono móvil en la mano. Nos impresionó su sinceridad y la fuerza con la que hablaba, pero todavía me llamaron más la atención las ganas que tenía de volver a su misión en el corazón de África. El caso es que parecía una persona normal, tenía barba, vestía de una forma muy sencilla con una camiseta étnica africana y, al final de la charla, nos regaló una revista Aguiluchos a todos los chicos y chicas de la parroquia. Fue una pasada, lo comentamos con los amigos de la pandilla y nos resultó una experiencia nueva.

Pues bien, después de haber conocido a este misionero, siento que algo ha cambiado dentro de mí. Quiero olvidarlo y no puedo, y el caso es que me da corte comentarlo con los amiguetes de la clase. Por eso he pensado que vosotros me podéis ayudar…

Sí, lo digo abiertamente: ¿Por qué yo no puedo ser como este misionero que vino a la catequesis? Se le veía feliz, un poco carquilla, pero tenía cara de bueno y en la misión nos contó que hacía cosas muy chulas. Nos dijo que cuando él tenía nuestra edad, sintió como una especie de llamada, que él llamaba vocación. Nos dijo que le atraía mucho hacer cosas buenas y ayudar a los que tenían dificultades. ¡Ah!, y nos dijo que cuando era joven, también le gustaban las chicas y que llegó a tener una medio novia. ¡Qué pasada! Por eso se le veía tan normal.


“Soy muy feliz en África, las dificultades no escasean, pero la cercanía de Jesús y la convicción de que Él me escogió para ser misionero no me ha faltado nunca”.


Bueno, voy al grano. Estoy feliz por un lado, voy más o menos bien en el cole, tengo buenos amigos y amigas en el grupo de la parroquia, pero ¿y si yo tengo vocación como el misionero que nos habló? La verdad es que tengo unas cuantas dudas y no sé por dónde tirar. Nos dijo el misionero que durante todo el tiempo que estuvo decidiendo qué podía hacer, le ayudó mucho hablar con Jesús en el silencio de la oración. Creo que esto debe ser algo como rezar y pedirle a Jesús que te ayude a tomar una buena decisión.

Acabo de leer esta carta y me sorprende todo lo que he escrito. Creo que ahora será más fácil hablar con vosotros. ¡Ah!, nos dijo también que casi todos los misioneros han tenido unos padres estupendos… Y vosotros lo sois. Vale, ¿hablamos?

Estoy contento por haber escrito esta carta. Ya he dado un primer paso. ¡Uf! ¿No será que me estoy comiendo demasiado el coco?

Sin embargo, sé que lo que me está sucediendo y lo que siento dentro de mí no es un sueño, es algo muy real. Más aún, me hace sentir feliz, no me roba el sueño, ni me quita tiempo de estudio y me anima a seguir haciendo cosas buenas.

En la parroquia nos han invitado a ir a los campamentos de verano. ¿Me dejáreis ir?, ¿verdad? Tengo muchas ganas de vivir a tope, es muy divertido estar con la gente, hacer el bien a los otros…

Al fin y al cabo es lo mismo que nos dijo que hacía el misionero en África: ser feliz, estar con la gente, hacer el bien y ser un buen amigo de Jesús de Nazaret.

Acabo, pero todavía resuenan dentro de mí las palabras del misionero en la catequesis: “Soy muy feliz en África, las dificultades no escasean, pero la cercanía de Jesús y la convicción de que Él me escogió para ser misionero no me ha faltado nunca”. ¿Hablamos?