Una familia misionera

Se saben de memoria los nombres de una larga lista de misioneros y misioneras que han pasado por su casa y con los cuales mantienen mucha simpatía.

El papá se llama Odair Bueno y es brasileño, la mamá Montaña Malpartida y es de Cáceres, la hija de nueve años se llama María Montaña, aunque en casa la llaman Monti y la pequeña María Blanca, de seis años, que nació precisamente el día de San Daniel Comboni, el 10 de octubre. Viven en Cáceres y los conocí en un encuentro de misioneros que ha tenido lugar este verano en Burgos. Las dos niñas leen un número de Aguiluchos con mucho interés y es que se acaban de suscribir. Al día siguiente ya se lo habían leído todo. ¿Qué es lo que más os ha gustado de la revista? El cómic de Flip dice Monti, mientras que Blanca, me dice que le ha gustado todo...

Blanca y Monti cuentan que conocen a muchos misioneros, muchos de ellos de Mozambique, ya que su madre fue misionera laica en Mozambique durante varios años. Uno de sus mejores amigos es el misionero “Tito Paco”, el sacerdote Paco González, que actualmente es el Delegado Diocesano de Misiones de Coria-Cáceres. Se saben de memoria los nombres de una larga lista de misioneros y misioneras que han pasado por su casa y con los cuales mantienen mucha simpatía. Por eso con mucha espontaneidad son capaces de decir, “nosotras también somos misioneras”.

El padre de esta familia misionera, Odair, tenía un contrato de trabajo con una empresa brasileña en Londres. Trabajaba en una empresa de aceites y jabones. La empresa le propuso ir a trabajar tres meses a Mozambique donde la empresa tenía una sucursal, ya que las cosas parecía que no funcionaban bien. Odair aceptó el reto y fue a trabajar al norte de Mozambique, en Monapo, que es una localidad de la provincia de Nampula. Los tres meses se convirtieron en varios años.

“Nosotras también somos misioneras”, dicen con mucha espontaneidad Monti y Blanca.

Montaña, la mama de Monti y Blanca, se marchó a Mozambique en 1997 a trabajar en un proyecto de educación, ya que es maestra. Durante tres años dio clase en las Escuelas Comunitarias de Nacala y en la Escuela Femenina que tienen las Misioneras Combonianas en esta localidad. Es también periodista y ha trabajado en la radio en Cáceres. Dice que en los tres años que estuvo en este proyecto conoció de cerca a varios combonianos y combonianas. En Mozambique conoció la figura de Daniel Comboni y fue un gran estímulo para ella. Recuerda con entusiasmo las muchas horas que dedicaba a trabajar en las escuelas hasta que en el año 2000 regresó a Cáceres para estudiar Antropología.

Odair Bueno y Montaña Malpartida se conocieron en Mozambique. Una vez finalizados sus estudios, Montaña regreso a Mozambique y fue en 2005, con motivo de la fiesta de cumpleaños de Odair, cuando se conocieron por primera vez, en la misión de los misioneros Verbitas y decidieron formar una familia. Odair explica que viene de una familia brasileña cristiana y “tuve la gran suerte de encontrar en Monapo un misionero y una misionera brasileños que me ayudaron mucho”. Montaña está también muy agradecida por todas las ayudas que recibió por parte de los misioneros que encontró en sus dos períodos en Mozambique.

En la actualidad los padres de Monti y Blanca colaboran en la Delegación Diocesana de Misiones de Coria-Cáceres. “Nuestra casa –dice Montaña– está siempre abierta a los misioneros, porque descubrir que una familia puede ser misionera es mi anhelo mayor”. Mientras continuamos nuestra conversación, Monti y Blanca están haciendo pulseras de papel para vender entre los participantes del encuentro misionero y sacar un poco de dinero para las misiones. “Ya hemos recogido 9,30 euros”, matiza alegre.