Los columpios de Gublak... y Aguiluchos

Se tomaron a pecho recaudar algunos fondos para ayudar a la Escuela Infantil de Gublak a renovar sus columpios.

Dos niños pequeñajos se han hecho los remolones y, mientras todos los demás se fueron corriendo a casa al término de las clases para comerse el merecido almuerzo, ellos se quedaron rezagados, saboreando en solitario uno de los columpios de su escuela. Cerca de ese columpio, hay otros de diversas formas y tamaños. Pertenecen a la Escuela Infantil de Gublak, en un extremo perdido de Etiopía, cerca de la frontera con Sudán.

“Y bien, ¿qué nos interesa a nosotros esa escuela infantil y esos columpios?”, dirá más de uno de los lectores de Aguiluchos. “Está a miles de kilómetros de nosotros. Pues mira que no habrá columpios y escuelas infantiles en miles de kilómetros de radio”. Pues sí que os interesan y sí tienen que ver con vosotros, con algunos de vosotros al menos. Se dice que hoy no hay distancias. Basta enfocar un punto en el mapa, tener allí una contraparte y comenzar a comunicarse. Podemos hablar por teléfono, podemos mandarnos fotos, podemos contemplar un vídeo que se está filmando en ese mismo momento. Es cuestión de tener interés en un punto y enfocar. Y eso es lo que ha pasado con el grupo de Aguiluchos que se reúnen en Madrid y Granada. Enfocaron la Escuela Infantil de Gublak y sus columpios y estos han estado presentes en sus actividades a lo largo del pasado año escolar.

Poner el foco en los pequeños

Me explico un poco mejor. Antes que los Aguiluchos pusieran el foco en la Escuela Infantil de Gublak, los Misioneros Combonianos ya habían dirigido su interés hacia Gublak, no porque hubiera allí algo interesante. Todo lo contrario, porque no lo había.

Gublak es una “ciudad” que no llegaría a la categoría de villorrio en cualquier parte de la geografía española. Está compuesto por un conglomerado de cabañas con techo de paja, excepto por una fila de casas hechas con barro y cubiertas con láminas de zinc, situadas a ambos lados de la única carretera que atraviesa el pueblo y allí se sitúan los negocios, las tiendas, los bares, las oficinas públicas…

Gublak está situada en el corazón del territorio de los gumuz, un grupo étnico que hasta el presente ha sido muy marginado debido al color muy oscuro de su piel. No tuvieron escuelas hasta muy recientemente. De ahí que los Misioneros Combonianos quisieran establecerse entre ellos.

El que abrió la misión comboniana fue el español, P. Juan González Núñez, antiguo director de Aguiluchos. Fue en 2011. Tras poner en pie una pequeña casa de barro para vivir, lo primero que construyó la misión fue la Escuela Infantil, una joya de construcción con tres aulas y capacidad para 100 niños, de los 3 a los 7 años que, apretujándose un poco, pronto llegaron a ser 150 chiquillos.

Y en la escuela había, como es de deber, columpios y otros juegos de diversas formas, pintados de colores vivos: rojo, verde, azul, amarillo… Eran bastante básicos, comparados con los de cualquier patio de cualquier colegio español, pero eran el último grito en la zona gumuz. A los niños les gustaba tomarlos por asalto. ¡Disfrutaban de lo lindo!

Y se han ido deteriorando. Se necesitaba repararlos y se necesitaba colocar otros nuevos.

Manos a la obra

Aquí es donde entraron en acción los Aguiluchos. Se tomaron a pecho recaudar algunos fondos para ayudar a la Escuela Infantil de Gublak a renovar sus columpios. Huchas, sorteos, mercadillo solidario, venta de collares etíopes… Euro a euro han sido capaces de recaudar la bonita cantidad de 600 € que, unida a alguna ayuda más que venga de otras fuentes, permitirá remozar los juegos de la escuela e introducir alguno nuevo.

El P. Juan González ya no está ahora a cargo del la Escuela Infantil de Gublak. Lo lleva ahora el P. Elvis Calero, un joven comboniano peruano, ayudado por unas hermanas etíopes del Instituto de San José de la Aparición. Sin embargo, el P. Juan lo sigue de cerca y es el que facilita los contactos entre los Aguiluchos y la misión de Gublak. Es también él quien quiere trasmitir al grupo de Aguiluchos su agradecimiento.

Es con este tipo de iniciativas como se puede hacer más concreto el deseo de solidaridad que la revista Aguiluchos quiere inculcar en sus lectores.