Fábulas del mundo: El conejo y la luna

Texto e ilustraciones Fernando Noriega
(Basado en una leyenda azteca).

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MORALEJA:

«La importancia de las personas no se mide por su físico, su fuerza o sus riquezas, sino por el valor de su corazón».

Hace mucho, mucho tiempo, Dios decidió recorrer el mundo en forma de hombre. Un día, hambriento y exhausto de tanto caminar, se sentó en una roca para reponer fuerzas, y desde allí observó a un conejo que andaba cerca.
—¿Qué comes? —le preguntó.
—Estoy comiendo hierba. ¿Quieres un poco?
—Gracias, pero no como hierba.
—Pero… ¿qué harás si no comes nada?
—Quizás muera de hambre y de sed.
El roedor se quedó pensativo, luego se le acercó y le dijo:
—No soy más que un insignificante conejo, así que, si tienes hambre, cómeme. Estoy dispuesto.
El buen Dios, sorprendido por la reacción del conejito, le dijo:
—Puede que solo seas un conejo, pero por tu generoso corazón, todo el mundo te recordará.
Entonces lo levantó tan alto que llegó a tocar la luna, y allí quedó estampada la figura del conejo. Después lo bajó y le dijo:
—Ahí está tu imagen, dibujada sobre el brillo de la luna, para que los hombres de todos los tiempos recuerden la bondad de tu corazón.

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