¿Qué hace un misionero anciano?

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REFLEXIONA

En todas las sociedades del mundo hay ancianos. Piensa un poco la frase con la que hemos empezado la pregunta sobre qué hace un misionero anciano: «Un anciano sentado ve más allá que un joven de pie». ¿Crees que esto sucede en la sociedad en la que estamos viviendo ahora?

ACTÚA

Es muy posible que tengas todavía abuelo, abuela, o abuelos en tu casa o en otra casa. No te olvides de darles el trato que se merecen. Ellos seguro que son buenos contigo. Estarán probablemente ya jubilados de su trabajo, pero no de sus funciones como abuelos… Escúchales, cuéntales cosas y demuéstrales que les quieres.
«Un anciano sentado ve más allá que un joven de pie», dice un proverbio africano de los azande (R. D. de Congo), donde se reconoce que los ancianos ven las cosas de manera más objetiva, o por lo menos así debería ser.
Un misionero anciano no significa que está enfermo o que no puede trabajar, todo lo contrario, ya que goza de la mucha experiencia que ha ido acumulando a lo largo de su vida, y es capaz de enfrentarse a los problemas con más calma y serenidad.

1- El misionero no se jubila

Mientras pueda trabajar, no hay ningún problema. La intensidad de su trabajo será inferior, las visitas a las comunidades cristianas lejanas o el seguimiento de proyectos específicos será más reducido. Ciertamente que sus compañeros de misión jamás le pedirán que haga lo que ya no puede hacer y lo poco que haga será siempre bienvenido y muy agradecido. Hay misioneros ancianos que mantienen vivo este lema: «mientras pueda, yo trabajaré en la misión».

2- La experiencia es un grado

La presencia de un misionero anciano en una misión es una riqueza, porque el misionero o la misionera más jóvenes siempre le podrán pedir consejo. La experiencia es un grado que no se estudia en las universidades, sino que se adquiere con la vida y un misionero anciano es una persona muy experimentada por sus conocimientos humanos, sociales, cristianos y técnicos. Conoce muy bien a la gente con la que vive y muy posiblemente habla su lengua con toda normalidad.

3- Ayuda sanitaria

¿Y si un día el misionero se pone enfermo? Pues si es algo muy grave, será trasladado a su propia nación para recibir los cuidados sanitarios que le hagan falta o quizá podrá ser cuidado en algún hospital del lugar donde se encuentra.
La presencia de un misionero anciano en una misión es una riqueza, porque el misionero o la misionera más jóvenes siempre le podrán pedir consejo.
Hoy en día hay muchas capitales de naciones y ciudades grandes con estructuras sanitarias competentes. Pero en todo caso, el misionero merece ser tratado como cualquier persona cuando se pone enferma.

4- Dedidacará tiempo a la oración

¿Rezar es perder el tiempo? Pues no. Es muy bonito pensar que mientras los misioneros más jóvenes están haciendo un trabajo misionero directo, el misionero o la misionera ancianos se quedan en la misión rezando por ellos. La oración es una petición a Dios que nunca cae en «saco roto» y siempre es escuchada. Es tan importante el trabajo evangelizador en primera fila, como la oración sincera en el silencio de la capilla de la misión o en la soledad de la habitación.

5- Estar con la gente

El misionero anciano dispone de mucho tiempo para estar con la gente de la misión. Serán muchos los niños, jóvenes y ancianos que le vendrán a visitar para hacerle compañía, para saludarle, para preguntarle cosas, para escuchar consejos, para recordar cosas del pasado. Un misionero anciano es un tesoro para la misión y merece ser cuidado y respetado. Ellos han sido el fundamento de muchas comunidades cristianas y de muchas obras sociales, ahora se merecen que les digamos: ¡Gracias!