¿El misionero es una persona alegre?

Por P. Jaume Calvera

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REFLEXIONA

«Ordinariamente la alegría cristiana está acompañada del sentido del humor», nos recuerda el Papa Francisco. También San Pablo a los Filipenses les decía: «Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos» (Flp 4,4). ¿Soy de verdad una persona alegre?

ACTÚA

Visita a algún amigo o amiga que viva una especial situación de tristeza e intenta devolverles la alegría. Quizá le puedas regalar un «Aguiluchos», y explicarles que leyendo la revista se sentirá mejor.

Habría que preguntárselo a cada uno, porque como en todos los temas es un poco arriesgado generalizar las respuestas. Nosotros creemos que sí. Es evidente que si un misionero o una misionera son personas alegres es porque de verdad son felices, de lo contrario, ¡vaya rollo!

Es una alegría muy especial que viene de Jesús, que crece al estar con la gente y que llena toda nuestra persona. Es como si dijéramos una alegría que envuelve las 24 horas del día. Vamos a desgranar algunas respuestas:

1- La alegría de realizar tu vocación

Uno de los primeros signos de la vocación misionera, es sentir mucha alegría interior. Dios manda señales al joven que está decidiendo su vocación para que tenga elementos que le vayan explicando que es lo que está pasando dentro de su persona para poder tomar una decisión y si esta decisión está acompañada de mucha alegría, ¿quién puede resistirse a vivir siempre alegre?

2- La alegría de Jesús

«No tengáis miedo porque os anuncio una gran alegría» (Lucas 2,10); esto es lo que anunciaron los ángeles a los pastores cerca de Belén, porque Jesús había nacido entre nosotros. Llevar, comunicar, anunciar, hablar de Jesús es siempre una gran alegría y esto es precisamente uno de los trabajos principales de los misioneros. No se puede hablar de la alegría de Jesús y estar triste o poner la cara seria.

3- La alegría de vivir juntos

Por su propio estilo de vida, el misionero vive siempre en grupo, en comunidad, nunca está solo. Es el estilo de vida que ha escogido el misionero, porque vivir juntos es siempre motivo de alegría, al sentir que unos apoyan a los otros en las alegrías y también en las dificultades.

Es evidente que si un misionero o una misionera son personas alegres es porque de verdad son felices, de lo contrario, ¡vaya rollo!

La vida compartida es mucho más rica y llevadera. ¡Qué bueno es de cuando en cuando poder reír juntos y expresar que estamos alegres!

4- La alegría de estar haciendo lo que te gusta

La profunda alegría que uno está donde tiene que estar; que hace lo que debe hacer es una alegría tan grande que te produce mucha paz. Los misioneros han escogido libremente este camino, nadie les ha forzado ni obligado; están realizando lo que más les gusta y es por eso que desprenden mucha alegría. Incluso cuando les toca hacer algo que no les apetece tanto, también la alegría se refleja en sus rostros.

5- La alegría de estar con gente que te quiere

¡Claro! esto es ya súper importante. Y es que cuanto más quieres a la gente… ellos te quieren más y se monta una corriente de simpatía y alegría que no hay quien la pare, porque va creciendo. Será difícil esperar que la gente te quiera mientras tú no hagas ningún esfuerzo hacia ellos. La gente con la que vive el misionero saben apreciar que el misionero ha venido de un lugar lejano para estar con ellos; saben valorar que aprenda su lengua; agradecen que les presten atención: son todos motivos para estar alegres.