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Texto: Carla Fibla García-Sala

El jazz es creatividad e improvisación. Ritmos y melodías con una energía diferente, al margen de la armonía y lo establecido. En África están las raíces de este género musical.

Las jam session o sesiones de improvisación son la característica principal de este tipo de música, popular desde principios del siglo pasado. Los sonidos recuerdan a las músicas tradicionales africanas y, probablemente, fueron los esclavos africanos, trasladados al nuevo continente para ser vendidos, los que las llevaron a América. Malí y Etiopía son los países referencia en esos primeros años de blues africano transportado en las bodegas de los barcos. El poeta Daniel Maximin escribió: «Improvisar jazz es un acto de libertad, romper los grilletes de la esclavitud y las restricciones impuestas por la música clásica europea».
Esta teoría se sostiene en que son, sobre todo, afrodescendientes los que han desarrollado el mejor jazz, hasta convertirlo en un género que en la actualidad, en cierta manera, se considera elitista, por estar destinado solo a parte de la sociedad.
Los músicos que se dedican al jazz suelen ser autodidactas y carecen de límites en el aprendizaje y la experimentación de nuevos sonidos. Es un tipo de música en el que todo está permitido y que pretende sorprender y despertar emociones que, a menudo, tenemos dormidas.
La influencia del jazz africano se puede observar también en ritmos posteriores de América y EE.UU., como el calipso, el blues, el son cubano, el reggae y el vudú haitiano.
Es imposible hablar de todos los músicos africanos que se dedican al jazz, pero vamos a acercarnos a algunos de ellos por si os animáis a buscarlos en internet y poneros alguno de sus vídeos. ¡Son un espectáculo que no deberíais perderos!


Vieux Farka Touré nació en Malí y se le conoce como «El Hendrix del Sáhara» (en referencia a Jimmy Hendrix, el guitarrista estadounidense, que a pesar de desarrollar una carrera musical de tan solo cuatro años, es una de las figuras más relevantes del rock). Es hijo del legendario guitarrista Ali Farka Taoré, con el que se inició en la música.


Mulatu Astatke nació en Etiopía y se le considera el padre del ethio-jazz, un estilo de música que empezó a escucharse en los bares y hoteles de su país a finales de los 50. Fue el primer estudiante africano que acudió a clase en el Berklee College of Music de Boston (EE.UU.), la universidad privada de música más importante del mundo.


A mediados del siglo XX es en Sudáfrica donde el jazz alcanza su apogeo, con cantantes como Miriam Makeba, conocida como Mamá África, que forma parte de dos grupos: Manhayyan Brothers y The Skylarks.
También destacan Sathima Bea Benjamin, esposa de otro grande del jazz, Abdullah Ibrahim, y que fueron ambos los impulsores del jazz en los años 60; y el trompetista Hugh Ramopolo Masekela que empezó a cantar y tocar el piano con 14 años y cuenta con grandes éxitos como Up, Up and Away o Do not Go Lose It Baby. Muchos de ellos trabajaron desde el exilio, huyendo del apartheid que se implantó en Sudáfrica.


De Etiopía destaca Hailu Mergia; en Kenia Eddie Gray y Ricky Na Marafiki; y el afrodescendiente estadounidense Ahmed Abdul Malik. Si tecleas en internet cualquiera de ellos podrás comprobar que parten de sonidos similares pero que innovan y crean nuevas melodías.


Muchos de estos músicos son invitados a los festivales de jazz que se organizan en Europa, pero también acuden a los encuentros que se celebran en el continente africano. Entre los festivales más importantes están los de Ciudad del Cabo (Sudáfrica), Saint Louis (Senegal), Cartago (Túnez), Jazzblanca y Tanjazz (Marruecos) y el Kriol Jazz Festival (Cabo Verde).

MANU DIBANGO
«LA LEYENDA»


Estos meses, entre las personalidades del mundo de la cultura que nos han dejado a causa de la COVID-19, destaca el camerunés Manu Dibango.
Dibango, nacido en Duala, su padre una iglesia protestante; y su madre, además de costurera, era la responsable del coro; por lo que la música siempre estuvo presente en su vida.
A los 15 años su padre le envió a Marsella (Francia) para estudiar, pero su obsesión por la música hizo que se dedicase desde entonces a crear un estilo en el que mezclaba jazz, soul, ritmos africanos, salsa y, en algunos de sus temas, canciones tradicionales francesas como La javanaise, de Serge Gainsbourg.
Inició su carrera en solitario en 1972 con el disco O Boso, y un año más tarde logró el reconocimiento internacional con su tema Soul Makossa con el que triunfa tanto en Europa como en EE.UU. Actuó en los escenarios más prestigiosos y con cantantes como Peter Gabriel, Fela Kuti, Salif Keïta o Sinéad O´Connor, pero decidió regresar a África, para dirigir la Orquesta de Radiotelevisión de Costa de Marfil.
Si en estos días de verano decidís ver la película de animación Kirikou y las bestias salvajes, cerrad los ojos y escuchar la música, porque uno de sus compositores fue Manu Dibango.