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Texto: Carla Fibla García-Sala
Fotos: Sydelle Willow Smith

Una moto, un móvil, una caja amarilla y una buena película africana. En eso consiste el Sunshine Cinema que está acercando el cine a aldeas remotas del sur de África.

Es la primera red de cine a través de energía solar del continente. La conocida como Sunbox (la caja del sol) empezó a circular en Sudáfrica y ya se ha extendido por otros cuatro países. Una iniciativa dirigida a jóvenes desempleados a los que dan una formación para enseñarles a usar el proyector, a situar los paneles y a animar una conversación. Así es como se convierten en «embajadores» del proyecto, al trasladarse en moto de un lugar a otro, para ver en dónde es mejor montar la panta- lla para que puedan ver la película el máximo de personas. A veces lo hacen al aire libre y otras sobre la pared de una gran sala. Durante el día sitúan los paneles en dirección al sol y lo dejan listo para al atardecer proyectar la película, que es seguida entre risas, comentarios, provocando todo tipo de sensaciones.
Ya han organizado 1.000 pases de diferentes películas que han visto 50.000 personas; las proyecciones más impactantes fueron las destinadas a niños y niñas que hasta ese momento no habían visto nunca cine porque no han salido de sus aldeas o porque no existe ninguna sala de cine en su localidad.

Reflexionar juntos

Pero la aventura de Sunshine Cinema no acaba cuando salen los créditos de la película porque, en ese mo mento, los «embajadores» toman la palabra y generan un animado debate haciendo preguntas y pidiendo la opinión de la audiencia.
Vosotros conocéis bien la magia del cine porque vivís en un país donde, por suerte, es accesible; y sois conscientes de la capacidad que tiene para hacernos creer que lo que pasa en la gran pantalla se puede reproducir en la vida real. De hecho, la última película que han proyectado en la gira que hicieron en marzo y abril de este año fue El niño que domó el viento. Es un filme basado en la historia de William Kamkwamba, un niño de 13 años que vivía en Malaui junto con su familia, y que, usando su ingenio, se enfrenta a la sequía y la falta de alimentos por los que pasa su aldea.

La intención es promover la acción y confianza en uno mismo, valores que existen entre la población africana, pero que a veces se encuentran ocultos bajo los problemas cotidianos y urgentes como pagar la matrícula de la escuela, ir al médico o, incluso, comer cada día. También han lanzado en abierto una serie de podcast (que son programas largos de radio) sobre los temas que interesan a la comunidad. Cuentan con el apoyo de organizaciones y empresas privadas y públicas para mantener la iniciativa y que vaya extendiéndose a otros países africanos. Eso ocurrirá siempre que la evolución de la COVID-19 lo permita, porque en África también está habiendo muchos problemas para viajar.