Catequesis con cine

Por P. Enrique Bayo | Ilustraciones: Bayomata

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¿Has pensado alguna vez por qué Jesús hablaba a la gente con parábolas? Las parábolas son relatos sencillos, pequeñas historias fáciles de recordar, que transmiten una enseñanza para aquellos que se esfuercen en descubrirla.

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El cine no es solo una manera de entretenerse. Muchas películas transmiten valores preciosos para la vida. ¿Por qué no ves alguna de esas buenas películas en familia tratando de aprender juntos con ellas?

Estos meses calurosos tal vez hayas tenido la oportunidad de acudir a un cine de verano y ver una peli a cielo abierto por la noche. Durante mis años como misionero en la parroquia de Sainte Anne, en Isiro, donde siempre era verano, me convertí en promotor de muchísimas sesiones de cine al aire libre en aquella exuberante selva del norte de República Democrática de Congo.

De vez en cuando, en mis repetidas visitas a las comunidades cristianas de la selva, dejaba la moto y cogía el Land Rover Defender cargado con todo lo que necesitaba para mis sesiones de cine. Al verme llegar, los niños intuían enseguida que aquella noche sería especial y era hermoso verlos saltar de alegría alrededor del vehículo. Tampoco faltaban los jóvenes voluntarios para descargar el pesadísimo grupo electrógeno antes incluso de que se lo pidiera.
Solía llegar con tiempo para visitar a las familias y reunirme con los catequistas, que me ponían al día sobre la marcha de la comunidad. Al mismo tiempo, la voz iba corriendo de la llegada del misionero y de que habría peli al caer el sol.
Montábamos el cine de verano en algún claro del bosque. Lo primero era colgar la sábana blanca que servía de pantalla de manera que pudiera verse por ambos lados para acoger a más gente, aunque los que se ponían detrás veían las imágenes invertidas. Como el grupo electrógeno hacía mucho ruido, tenía un cable larguísimo para alejarlo del lugar de la proyección y así amortiguar el sonido. Luego colocaba el proyector, el ordenador y el altavoz, al que conectaba un micrófono para la traducción simultánea.
La gente comenzaba a llegar, sobre todo, niños y jóvenes, pero también adultos que se iban sentando en el suelo alrededor de la pantalla. Muchos no eran católicos, pero no importaba, aquello era una fiesta abierta a todo el mundo.

Comenzaban a llegar, sobre todo niños y jóvenes, pero también adultos, que se iban sentando en el suelo alrededor de la pantalla. Aquello era una fiesta abierta para todo el mundo.

Las pelis que proyectaba eran normalmente de contenido religioso. Disponía de una amplia colección sobre personajes bíblicos como Abraham, Jacob y su hijo José, Noé, Moisés y las aventuras del libro del Éxodo, Ester, Jeremías, Daniel, Ezequiel, san Pablo y, por supuesto, Jesús. Sin embargo, las que tenían más éxito eran las pelis de la beata Anuarite y del beato Bakanja, ambos congoleños y que la gente apreciaba por desarrollarse la acción en el mismo Congo. Además, la peli sobre Bakanja estaba en lingala y me evitaba el trabajo de la traducción. También tenía una vida de Jesús en kiyogo, lengua hablada en algunas comunidades de la parroquia. Yo no entendía nada, pero la gente quedaba asombrada al escuchar hablar a Jesús en su lengua materna. Algunas veces proyectaba también pelis no religiosas, sobre todo de aventuras donde predominara la acción y hubiera pocos diálogos.
Como la mayoría de las pelis estaban en francés, lengua que muy poca gente habla en la selva, yo hacía la traducción al lingala, la lengua vehicular que todo el mundo conoce. No era una traducción literal, solo orientativa para que la gente siguiera sin problemas la trama de la película. De vez en cuando introducía mis propios comentarios, destacando los valores vividos por los personajes y haciendo de la proyección una catequesis y un momento de formación. Otras veces, en mis homilías hacía referencia a escenas de películas que sabía que la gente había visto.
Todos seguían las películas con una enorme atención, riendo, lanzando sonidos de asombro y a veces incluso llorando en escenas duras como la flagelación de Jesús o la del martirio de Bakanja.
Yo disfrutaba enormemente de aquellas sesiones de cine en el maravilloso contexto de la selva y considero que fue un buen servicio misionero para la gente.