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Texto: Sebastián Ruiz-Cabrera

Este estilo musical, famoso en República Democrática de Congo (RDC) y República de Congo, busca convertirse en Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco.

Seguramente ahora estés pensando en que tiene que haber un error ¡gordo! A ver: ¿la rumba no es una de las variantes del flamenco? Digamos que más o menos bueno, pero ¡sigue, sigue leyendo! Veréis, la historia es un poco larga. Dicen que este estilo nació en el crisol de la Cuba del siglo XIX y combinó los tambores de africanos esclavizados con las melodías de los colonizadores españoles. Más tarde, a mediados del siglo XX y en forma de vinilo (seguramente vuestros abuelos o padres tengan alguno guardado), se reintrodujo en África encontrando en los dos Congos un público entusiasmado donde reconocieron estos ritmos como propios. En definitiva, una expresión musical que te hace mover los pies como el que no quiere la cosa.
El jazz y el calipso tuvieron impacto en Ghana y en Congo, pero sí, la música cubana fue la que dio en el clavo. El son, el cha-cha-chá, la rumba, el bolero... Estos sonidos sentaron las bases para que los músicos africanos urbanos interpretaran sus propias versiones adaptándolas mejor a su estilo, a menudo cantadas en un idioma inventado con inspiración española. Parece que estas músicas procedentes de Cuba, nacidas como resultado de un matrimonio forzado entre Europa y África, fueron recibidas de inmediato como una prima lejana cuando regresaron al Congo. E inmediatamente pasaron a convertirse en el centro de atención.

La canción «Indépendance Cha Cha», fue quizás la más popular de los años 60 del siglo pasado, convirtiéndose en un himno para los movimientos anticoloniales africanos. Y ¿sabéis qué? La primera vez que se cantó la canción fue una noche en Bruselas, la capital de Bélgica, durante las negociaciones para la liberación de Congo. Y ¡tachán! Cuatro meses más tarde, el país africano era libre, concretamente, el 30 de junio de 1960. Hoy, más de 60 años después, la rumba sigue siendo el núcleo de la música africana y ha surgido un movimiento para cimentar su reputación y asegurar su protección.
De hecho, el propio flamenco o la bachata dominicana ya son considerados Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco a la que ahora se quiere unir la rumba congoleña. Se convertiría en el tercer elemento de África central en integrar esa prestigiosa lista, tras la inclusión de los cánticos polifónicos de los pigmeos aka de República Centroafricana y la danza ritual del tambor real en Burundi.

El inconfundible sonido de la rumba congoleña, con su tamborileo rítmico y su baile elaborado es, posiblemente, la exportación cultural más grande de los dos Congos. Esperemos que la UNESCO lo tenga en cuenta pronto y reconozca este estilo musical como portador de vida, entusiasmo y esperanza. ¡Hasta el próximo mes aguiluchos!