El misionero es como un puente

Por P. Enrique Bayo | Ilustraciones: Bayomata

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REFLEXIONA

Jesús es el misionero del Padre que hizo de puente entre Dios y nosotros. Primero nos mostró el Amor que Dios nos tiene. Y después nos invitó a hacer nosotros lo mismo. Lo puedes comprobar reflexionando las palabras de Jesús en Jn 20,21.

ACTÚA

Conoces a dos amigos que se han enfadado y ya no se entienden, ¿por qué no haces tú de puente y tratas de buscar su reconciliación?

Nunca falla. Cada vez que voy a un colegio de Primaria, siempre hay un niño o niña que me pregunta: ¿quienes son los misioneros? Casi automáticamente, yo respondo con la imagen del puente.

Todos y todas sabéis muy bien lo que es un puente porque seguro que habéis cruzado muchísimos. Las carreteras y caminos de España están llenos de puentes, y también nuestros pueblos y ciudades. Un puente es esa construcción que facilita la comunicación entre dos extremos separados por un río o riachuelo, un barranco o cualquier otro tipo de obstáculo.
Entonces, cuándo decimos que el misionero es como un puente, ¿qué queremos decir? Pues que el misionero es alguien que facilita la comunicación, que hace de puente entre Jesús y las personas que no lo conocen o que no lo conocen demasiado bien. Esto es lo más importante, el misionero es un instrumento para que las personas puedan acoger a Jesús y su Evangelio.
Pero, además, el misionero es un puente entre culturas y pueblos. Al pasar tantos años en otros lugares, estudiar otras lenguas y conocer nuevas costumbres y tradiciones, termina por descubrir muchos valores y riquezas de la gente con la que vive y que, después, comunica a otros cuando regresa a su país. Yo mismo, ahora que vivo en España, he presentado muchas veces mi testimonio misionero en el que hablo de la vida, los valores y las riquezas del pueblo congoleño con el que compartí 15 años de mi vida.

Constructor de puentes
Al hablar de puentes, me estoy acordando todo el rato del hermano Tony Piasini, un misionero italiano que conocí en Congo y que ha construido decenas y decenas de puentes. El hermano Toni llegó a Congo en 1970, y durante 22 años se dedicó a la construcción de puentes en la diócesis de Bondo, un territorio enorme de selva. Allí, llueve mucho y existen más de 200 ríos y riachuelos que dificultan enormemente los desplazamientos de las personas y el transporte de mercancías.

El misionero es un instrumento para que las personas puedan acoger a Jesús y su Evangelio. Pero, además, el misionero es un puente entre culturas y pueblos.

Desde tiempos inmemoriales, la gente construye en Bondo puentes con grandes troncos de árboles, pero las termitas y la humedad de la selva los pudren enseguida y, prácticamente cada año, tienen que realizar el penoso trabajo de reemplazar los troncos. Al hermano Tony se le ocurrió que se podrían construir puentes más duraderos y resistentes.
A la gente le entusiasmó la idea, y Toni y su equipo comenzaron a realizar puentes de una manera muy sencilla, como lo hacían los romanos, con piedra. Siempre cuentan con la participación del pueblo que, además de la mano de obra, aporta y transporta las piedras, la arena y la madera necesaria para construir el armazón que da forma al puente. Por su parte, los misioneros buscan los medios para comprar el cemento.

La alegría de unir
Me contaba Tony lo maravillosas que son las semanas que pasa en medio de la selva construyendo puentes. La gente les trae la comida y cuando el sol cae, y ya no es posible trabajar, Tony aprovecha para charlar con todo el mundo y hablarles de Jesús. La gente le escucha porque se dan cuenta de que, pudiendo estar en otro sitio, Tony comparte con ellos su vida y está allí para ayudarles. El testimonio es el primer mensaje.
Tony es un hermano misionero, no es sacerdote y no puede celebrar la eucaristía; pero, cada vez que va a la selva lleva consigo la santa eucaristía y, de vez en cuando, organiza celebraciones de la Palabra, en las que todos escuchan y comparten la Palabra de Dios para concluir con la comunión del cuerpo de Cristo.
¡Qué felicidad la de Tony cuando el puente se termina! Todo es más fácil: visitar el poblado vecino, ir al mercado para vender y comprar lo necesario, acudir al dispensario o ir a la escuela sin que los niños y niñas tengan que mojarse los pies en las, a veces, peligrosas corrientes de agua. Ser puente y crear puentes.
¡Qué bonita la vida misionera!