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Texto: Sebastián Ruiz-Cabrera

Su amor por la ciencia desde que era un niño ha llevado a Azwinndini Muronga a convertirse en uno de los físicos más importantes de África.

Este mes comenzamos alto. Tanto como la copa de un árbol. Allí, encaramado a una rama desde donde poder divisar sus ovejas, cabras y vacas, Azwinndini Muronga vigilaba por encima de las páginas de los libros. Con 6 años ya era todo un experto pastor, pero cuando acababa esta labor emprendía su gran pasión: estudiar. Ahora Muronga es doctor en Física de partículas y decano en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nelson Mandela en Port Elizabeth. Sí, habéis leído bien: uno de esos físicos brillantes con bata blanca que investiga para descubrir grandes hallazgos para la ciencia y para su tierra, Sudáfrica.

Curiosidad y aprendizaje
Muronga nació en 1968, décadas antes de que Nelson Mandela se convirtiera en el primer presidente negro elegido democráticamente en Sudáfrica en 1994. Así, nuestro protagonista nació bajo el apartheid, donde a los negros no se les permitía ir al colegio si no pagaban un alto precio. ¡Qué injusticia! Pero, ¿sabéis qué? Veréis: la madre de Muronga, que nunca fue a la escuela, vendía cerveza casera para financiar la educación de su hijo. La receta era muy, pero que muy casera, aunque lo importante era tener algo de dinero para pagarle los estudios. Fue justamente la observación del proceso de elaboración de la bebida de su madre lo que le despertó la curiosidad. De hecho, él no sabía que había una rama de la ciencia llamada química que ¡se hacía en su propia casa!

En la escuela primaria, Muronga amaba las matemáticas, pero le tomó un tiempo escuchar algo sobre física, astrofísica y muchas otras áreas científicas. Y os contaré un detallito más: nuestro físico era el mayor de 17 hermanos, así que la presión que tenía para llegar a tener un buen trabajo era elevadísima. Tras una combinación de buenas notas, profesores que le supieron guiar y becas para seguir estudiando, pasó por Estados Unidos y Alemania hasta regresar a Sudáfrica como doctor y experto en una materia que hasta entonces estaba reservada solo para los blancos.

Ciencia minoritaria
Este es un tema muy interesante. Como la ciencia, en general, está copada por científicos blancos que viven en ciudades de Occidente; y como, a veces, los libros de texto que se estudian en el resto del mundo no reflejan su realidad. Es decir, hay ejercicios matemáticos que son realmente complicados de imaginar para niños que viven en aldeas rurales en Sudáfrica, Burkina Faso o Costa de Marfil. Por ejemplo, algo como resolver un problema sobre la velocidad a la que va un ascensor con cuatro personas en su interior, puede parecer ciencia ficción para algunas personas.

Lo más increíble de la historia de nuestro físico sudafricano es que no solo investiga y da clases en la universidad, sino que ha creado el Centro Científico de Soweto, en uno de los barrios más desfavorecidos de Johannesburgo. Así que, Muronga, a través de la ciencia anima a otros colegas de profesión a buscar cómo apoyar a comunidades oprimidas y marginadas ofreciendo inspiración, tutoría, financiación y abriendo caminos para ofrecer una educación equitativa y de calidad. ¡Qué ejemplo! Pues con libros en la mano y las enseñanzas que llegan desde Sudáfrica os deseamos ¡un feliz verano!