Madagascar

Santuario natural de especies únicas, muchos de ellos están en peligro de extinción. Te invitamos a conocer algunos de estos insólitos animales.

Por África González

Aquí en Madagascar, la naturaleza parece haberse retirado a un santuario privado para trabajar sobre modelos totalmente diferentes a los creados en cualquier otra parte del mundo. Aquí, se encuentran las formas más insólitas y maravillosas», comentaba el botánico francés Philibert Commerson cuando escribía sobre esta gran isla, en 1771.

Y sigue siendo así.  Solo en un año, de 1999 a 2010, los científicos descubrieron 615 nuevas especies, incluidos 41 mamíferos y 61 reptiles. 

Con una longitud de 1.500 kilómetros y un tamaño similar a la superficie de la península ibérica, la isla de Madagascar –que se desgajó del continente africano hace 165 millones de años– es un paraíso para más de 25.000 especies de flora y fauna; el 95% de los reptiles, el 89% de su vida vegetal y el 92% de los mamíferos son endémicos, es decir, no se encuentran en ningún otro lugar de la Tierra.

Lémures, el icono de la isla

Existen más de 100 tipos de lémures que habitan en los bosques tropicales del suroeste de la isla. Uno de los más populares es el lémur de cola anillada, conocido entre los malgaches como maky, que fue inmortalizado en la saga de cine de Madagascar en el personaje del rey Julien. Es un primate de ojos rojos, con una larga cola en dos colores en forma de anillos. Es uno de los primates más estudiados de Madagascar. También uno de los más amenazados: quedan solo 2.500 ejemplares en el mundo, la gran mayoría en cautividad, en reservas o en zoológicos. En su hábitat natural quedan 75 ejemplares, según científicos de Estados Unidos y Canadá.

Fossas

Otro clásico son los fossas, parientes cercanos de la mangosta. Viven en los bosques del centro y oeste de la isla. Son los mamíferos carnívoros más grandes del país, depredadores por excelencia y enemigos número dos de los lémures, después de los humanos. Su rostro se parece a los felinos. Crece hasta casi dos metros de longitud, desde el hocico hasta la cola, y puede pesar 12 kilos. Su pelaje es corto y rojizo. De complexión atlética, usa su cola para moverse rápidamente a través de los árboles. Son animales solitarios que marcan su territorio gracias a sus potentes glándulas odoríferas. En la saga de dibujos animados de Madagascar eran los «malos» de la película.

Camaleones

En la isla se concentran las dos terceras partes de todas las especies que hay en el mundo. Aunque lo más conocido de estos reptiles es su capacidad para cambiar el color de su escamada piel, no todos pueden hacerlo. Poseen una lengua extensible para atrapar a sus presas con un líquido pegajoso. Uno de los más grandes, el camaleón de Parson, puede medir hasta 80 cm.

Las selvas del sur son el hogar del  camaleo nasutum, que mide 10 cm. Se le consideraba el más pequeño hasta que, en marzo del año pasado, se descubrió  el Brookesia nana, que tan solo mide 2,2 cm, el tamaño de una uña.

Otro nativo de la isla es el camaleón pantera, hoy introducido en Comoras y Seychelles. Espectacular por su gran colorido, es uno de los más grandes y que más variaciones presenta. También, por desgracia, es uno de los más buscados por los traficantes de reptiles.

Gecko satánico de cola de hoja

Este reptil es capaz de camuflarse perfectamente con su entorno; su cola imita a una hoja seca y su cuerpo parece una rama o del color de los troncos de los árboles, con el fin de que los depredadores no puedan localizarlo. En las últimas décadas ha disminuido su población en estado salvaje, por lo que también se le considera vulnerable.

Madagascar fody

Es una de las aves más abundantes en la isla. Su plumaje, anaranjado o amarillento, varía durante el apareamiento. Suelen medir unos 5 centímetros y pesar entre 14 y 19 gramos. 

Rana tomate

Viven en el noroeste de la isla, en las áreas boscosas y son, principalmente, terrestres. Debido al avance de la deforestación,  su hábitat se ha visto destruido, pero se han adaptado bastante bien en áreas cultivadas, por lo que es común verlas en jardines. De colores brillantes, desprenden un moco blanco pegajoso cuando se sienten amenazadas. Sin ser tóxico, este líquido irrita las membranas mucosas de los humanos.

Tenrec rayado

De aspecto similar a los erizos o musarañas, el tenrec rayado es un mamífero con el hocico largo y puntiagudo, pelaje negro con rayas amarillas y púas dispersas por el cuerpo. Se alimenta principalmente de insectos, aunque también puede añadir a su dieta gusanos, pequeños peces o incluso ranas.

Aye-Aye

Emparentados con los lémures, los aye-aye están también catalogados como vulnerables a la extinción. Debido a su extraña apariencia de orejas y ojos grandes, los malgaches los consideran señal de mal presagio. Al igual que sus primos los lémures, viven, principalmente, en los árboles, y con sus dedos gordos y largas colas se desplazan de árbol en árbol.

Búho de madagascar

Es el ave más grande de la isla. Las hembras, más grandes que los machos, pueden alcanzar los 50 centímetros de largo. Se distinguen porque estas tienen una corona y una pelusa pardusca en su parte superior, mientras que la inferior tiene una veta negra.

Amenazas y retos

Muchos de los animales descritos están en situación vulnerable o en peligro de extinción. Todos los botánicos y naturalistas coinciden en que hay que proteger a estas especies únicas para no seguir perdiendo biodiversidad en el mundo. Sin embargo, las soluciones no son sencillas. La pérdida de masa forestal, debido a la tala de árboles para la obtención de carbón vegetal y la práctica de la quema para crear nuevas zonas de pastos para el ganado, son las grandes amenazas para la desaparición del hábitat de estas especies. A ello se añaden otras prácticas como la caza para alimentarse o el tráfico ilegal de mascotas. Combinar la necesidad de preservar la naturaleza del país con la necesidad de alimentarse de las población es el difícil equilibrio que tendrá que buscar el Gobierno malgache, para que el cuidado del medio natural y el desarrollo humano vayan de la mano. 

Por África González

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