Quiero defender a mi Pueblo

El pasado 17 de febrero, Jacques Ngamu Angbaungba defendió con éxito su trabajo fin de carrera obteniendo la licenciatura en Sociología por la Universidad de Kisangani, República Democrática de Congo. Si queréis saber quién es Jacques, os invito a seguir leyendo.

Hace unas semanas recibí el email de mi amigo y compañero de misión en Congo, el P. Franco Laudani. Aunque su mensaje estaba escrito sin poner demasiada atención a la ortografía y a la sintaxis, lo cierto es que rebosaba entusiasmo por todos los lados. La noticia que Franco quería darme era la obtención de la licenciatura en Sociología del joven congoleño Jacques Ngamu Angbaungba. El mensaje insistía: «Lo ha conseguido. Jacques ha aprobado y es sociólogo. ¡Qué maravilla! Ha defendido bien su trabajo de fin de carrera. Nuestra alegría es completa. Me acuerdo de tantos amigos que nos han ayudado para poder vivir este momento». Franco me pedía además que publicara algún artículo sobre Jacques, petición que estoy cumpliendo ahora.

Jacques Ngamu Angbaungba

Seguramente os estaréis preguntando por qué es tan importante hablar de un joven que ha obtenido una licenciatura, algo bastante común en España y también en Congo. La razón es que Jacques pertenece al pueblo pigmeo y es el primero de su etnia en obtener este título universitario en el país. Otras personas pigmeas han estudiado también alguna diplomatura y conseguido algún certificado profesional, pero Jacques es el primer licenciado y eso merece ser contado y celebrado.

¿Quiénes son?

Los pigmeos son los primeros pobladores de las selvas tropicales africanas, pero hoy sufren el racismo y una fuerte discriminación social. 

En el siglo VIII antes de Cristo, el poeta Homero hace referencia en sus poemas a estas tribus enanas de África y, tres siglos después, el historiador y geógrafo griego Heródoto los describe como «unos hombres pequeños, de una talla por debajo de lo normal» y les da el nombre de «pigmeos», una palabra griega que significa «enano».

Los pigmeos son seminómadas y viven en pequeños grupos familiares muy estables. Durante siglos han poblado tranquilamente las selvas africanas alimentándose de frutos silvestres, miel y pequeños animales, porque son excelentes cazadores y pescadores. Sin embargo, la expansión de las tribus bantúes y de los pastores nilóticos los han ido recluyendo poco a poco en áreas marginales. La mayor altura de los nuevos ocupantes les hizo creer erróneamente que eran superiores a los pigmeos y empezaron a tratarlos con desprecio. Como los pigmeos ni conocían ni jamás habían sentido la necesidad de disponer de documentos de registro de la propiedad de la tierra, resulta que en algunos casos han sufrido incluso el desalojo forzoso de su hábitat.

Actualmente existen unos 140.000 pigmeos pertenecientes a grupos con lenguas y denominaciones muy diversas. Viven diseminados por 

la selva ecuatorial africana de Camerún, Gabón, República de Congo, República Democrática de Congo, República Centroafricana, Ruanda y Burundi, aunque también hay algunos grupos en las regiones boscosas de Zambia y Angola.

Posado de los niños y niñas de la escuela primaria Bakanja de Mungbere, junto al profesorado
y el Hno. Giancarlo Bianchi (a la derecha).

Pastoral pigmea

Jacques, el nuevo licenciado en Sociología, es originario de Dodi, un poblado al noroeste de República Democrática de Congo que forma parte del territorio de la diócesis católica de Wamba. Esta diócesis inició a principios de los años 80 la acción pastoral pigmea para hacer frente a la situación de marginación de este pueblo y sus enormes dificultades para adaptarse a las nuevas realidades sociales.

Enseguida comprendieron que una prioridad era la educación de los niños y niñas pigmeos y desde esta pastoral específica se creó una red de pequeñas escuelas junto a los caminos que rodean la selva, intentando estar lo más cerca posible de sus campamentos. Aunque la formación en estas escuelitas es muy elemental, sí permite a los niños alcanzar un nivel suficiente para iniciar con garantías la escuela Primaria. El problema apareció cuando muchos niños abandonaban sus estudios antes de terminar el curso porque sus campamentos se desplazaban y tenían que irse con sus padres.

Internado

Esta situación animó a los misioneros combonianos a abrir un internado en la ciudad de Mungbere, que comenzó a funcionar el 25 de octubre de 1993 y que hoy acoge a 165 niños y niñas pigmeos. 

Aunque es una estructura muy sencilla, ofrece a los estudiantes techo y alimento, dándoles la estabilidad necesaria para poder estudiar en la vecina escuela primaria Bakanja. 

El P. Laudani, que trabajó en la pastoral pigmea de Wamba hasta el año 2018 y fue director del internado, recuerda lo difícil que fue al principio convencer a los padres para que enviaran a sus hijos al internado, porque muchos no comprendían el valor de los estudios y preferían llevarse los niños con ellos en sus desplazamientos por la selva.

Entre los niños y niñas pigmeos que concluyen la escuela primaria, algunos prosiguen sus estudios de secundaria y unos pocos realizan estudios superiores, como Jacques.

Futuro

La formación de Jacques comenzó en la escuela de Dodi, donde también estudiaron sus hermanos y hermanas. Su hermano mayor es un buen carpintero y dos de sus hermanas obtuvieron el certificado de comadronas para ayudar en los partos a las mujeres pigmeas y evitar así la alta mortalidad infantil que sufre este pueblo. Una de ellas es actualmente la responsable del dispensario de Angbalayi, situado cerca de la localidad de Apodo.

Al finalizar los dos años de estudios elementales en Dodi, Jacques fue acogido en el internado de Mungbere para realizar sus estudios de Primaria en la escuela Bakanja. Estudió secundaria en tres institutos: Bayenga, Apodo y Mambasa, donde llegó a ser uno de los mejores alumnos. Al completar sus estudios secundarios  y tras haber demostrado ser un estudiante muy aplicado, Jacques fue enviado a realizar sus estudios universitarios a Kisangani, donde el 17 de febrero obtuvo la licenciatura en Sociología.

En el momento de escribir estas líneas el futuro profesional de Jacques no se conoce con seguridad, pero todo parece indicar que regresará a Mungbere para trabajar en la oficina local de derechos humanos, un servicio público desde el que podrá cumplir el deseo que, según sus propias palabras, le llevó a elegir los estudios de Sociología: «Quiero defender a mi pueblo».

Texto: Enrique Bayo

También puede interesarte

Enciende la llama

Cada noviembre, Manos Unidas nos propone encender una llama para seguir alumbrando compromiso y esperanza en la lucha contra la pobreza, labor que realiza Manos Unidas desde hace 63 años.  En esta 11 edición han recibido 2.200 fotos de 39 países